Primero, les dices a tus familiares que vas a probar un tratamiento nuevo. Por parte de algunos recibes apoyo y por parte de otros desmotivación, porque te han visto decepcionarte con otros tratamientos.
Después en la primera consulta ves que, efectivamente, es un enfoque distinto. La consulta es larga y el interrogatorio minucioso, pero el tratamiento es diferente y no tienes claro si te va a servir o no.
Aún así, decides darle una oportunidad porque ves que hay interés real y que busco encajar el tratamiento a tus necesidades. Quizás me ves demasiado optimista, pero eliges hacer caso y pones de tu parte.
Tus familiares te preguntan cómo te ha ido.
Ante esto, volverás a encontrar quien te motive, pero también quien te desmotive. Deberás tener voluntad, pero no estarás sola. Podrás contactar conmigo en momentos de bajón. Te animaré y te daré motivos para seguir con el tratamiento, digan lo que digan los demás.
Aunque es posible que encuentres dificultades para cambiar de hábitos, te habré avisado sobre ello y te habré dado herramientas para que puedas surfear las olas de la motivación-desmotivación que acompañan el proceso de cambio.
También notarás cambios positivos que inicialmente no perseguías, pero que agradeces, como: mayor claridad mental, bajar de peso, tener ganas de hablar con amistades que hace mucho que no hablas, etc.
Eso te dará plena confianza de que lo que estás haciendo realmente está funcionando.
Después, tus familiares querrán que les expliques cómo es que has mejorado tanto. Al haber estudiado y puesto de tu parte para comprender tu salud, tendrás la confianza para explicarles sobre tu enfermedad y el tratamiento que has seguido.
Eso te hará sentir empoderada y confiada.